La economía familiar es la rama de la economía que estudia el hogar como una unidad de gestión y actividad económica. Aborda, por tanto, la forma en que las familias gastan, ahorran, se endeudan o invierten sus recursos. Una buena gestión de la economía doméstica es fundamental para satisfacer las necesidades diarias de los miembros del hogar y mantener una buena salud financiera, que permita hacer frente a imprevistos y afrontar los planes de futuro a los que se aspira.

Los hogares son ámbitos en los que conviven y se relacionan personas con un vínculo familiar o afectivo. Para que el desarrollo vital de los miembros del hogar se dé en las mejores condiciones es importante contar con una economía doméstica planificada que permita administrar correctamente los ingresos y gastos.

Esa gestión, que normalmente es responsabilidad del cabeza o cabezas de familia, tiene como fin satisfacer una serie de necesidades materiales (alimentación, vivienda o ropa, por ejemplo) e inmateriales (educación, viajes y ocio, entre otros) de los miembros que conforman el hogar. En definitiva, la economía doméstica es una microeconomía con un presupuesto para cubrir y proveer las necesidades de sus miembros y conseguir una buena calidad de vida.

¿Cómo se debe planificar la economía del hogar?

La planificación de la economía doméstica no difiere mucho de la de una empresa. En ambos casos, el objetivo es el mismo: realizar una gestión eficiente del capital para cubrir los gastos derivados de las necesidades y actividad diaria. A la hora de planificar la economía de una familia, el primer paso es elaborar un presupuesto en el que se reflejen todos los gastos, diferenciando entre gastos fijos y variables, viendo cuáles son imprescindibles y cuáles son prescindibles y, entre éstos últimos, cuáles nos dan bienestar o calidad de vida y cuáles son superfluos. Además, tenemos que dejar un margen para los gastos imprevistos, que inevitablemente acaban surgiendo.

Una vez elaborado un presupuesto que recoja todos los ingresos y gastos de la familia, es el momento de empezar a pensar en el ahorro: una buena estrategia para ahorrar es la fórmula del 50/30/20, que recomienda dedicar un 50% del presupuesto familiar a los gastos fijos, un 30% a los prescindibles y un 20% al ahorro.

Atendiendo a criterios de prioridad y previsibilidad, los gastos de una economía doméstica se pueden clasificar de la siguiente manera:

Gastos fijos de primera necesidad: Todo lo que es imprescindible para una calidad de vida básica: vivienda, comida, energía y educación. Son pagos que se pueden domiciliar en una cuenta bancaria.

Gastos fijos necesarios: Todos aquellos que son importantes, pero no responden a necesidades vitales inmediatas. Así, por ejemplo, es necesario gastar en ropa y calzado, pero estas compras pueden posponerse unas semanas o meses, dependiendo de la situación que atraviese la economía familiar.

Gastos extraordinarios o imprevistos: Son todos aquellos que no estaban recogidos en el presupuesto familiar, precisamente porque no se pueden prever. Una reparación en el hogar o una visita de urgencia al dentista son gastos extra que siempre es más fácil afrontar si previamente se ha ido creando un colchón de ahorro para imprevistos.

Gastos prescindibles: Pueden variar, según la familia y sus necesidades. Al hablar de desembolsos prescindibles se puede considerar el dinero que se dedica al ocio, los viajes o la restauración. Si bien es cierto que no son imprescindibles para sobrevivir, también es importante tenerlos en cuenta porque contribuyen al bienestar o mejoran la calidad de vida.